Hola amigos de lo friki, del golpetazo mental en general. Llevo tiempo queriendo escribir esta primera entrega de una serie de artículos de dudosa salud mental. Se trata de plasmar esas pequeñas e íntimas inquietudes que todos tenemos, y que seguramente creemos sólo nosotros padecemos. Situaciones ilógicas, preguntas inquietantes y retóricas, por mi parte y por la vuestra, de la que os invito a recibir vuestras reflexiones al caso. No penséis que estoy demasiado hecho polvo. Esto es un ejercicio de apertura total. Pa ir abriendo boca, ahí lo lleváis:

- El olor de uno mismo. Es evidente que muy difícil es reconocer nustro propio olor corporal. Pero es posible que haya descubierto la clave. Cuando te duchas con el agua hirviendo, en un día de frío, el olor que desprende el vapor que sale de la piel esconde incongruencias. He creído identificar mi olor, pero mientras lo intentaba he reconocido el olor de otra persona con la que no había contactado en dos días. Y con ducha en medio, por supuesto. Entonces, ¿acaso el que creemos nustro propio olor es el del otro?. O más bien reconozco ese olor de otra persona, pero no es ella realmente. Es el mismo olor del contacto de las pieles, que reconozco en el vapor de ducha como en ese calor único y vaporoso de los cuerpos en contacto. No lo sé. Pero inquieta eh??

- Casco-surround. Creo que la mayoría del chavaleo ha cogido una moto alguna vez. Yo soy conductor de motoreta activa y en los muchos ratos que paso al manillar tengo una manía que me encanta. Con mi casco integral cerrado, incluso a las 8 de las frías mañanas, juego con el sonido de mi voz en ese habitáculo acústico que se crea. Me gusta cantar porque parece que suena mejor, en surround 800.1. Canto y flipo con ese sonido. Pero además, y ya es que se me va, con el casco semiaberto, sin envoltura de sonido, me da por cantar temas a to meter y la peña pasa y me mira como diciendo uf..pobres padres.. ¿A vosotros os pasa, o más bien estoy tocaete?
Esto es todo por ahora amigos, pero pronto habrá más entregas de mis inquietantes inquietudes. Y de las vuestras