Hoy no voy a contar ninguna historia. De hecho me voy a poner hasta serio, sin intención, -perdonadme los que seguís mis payasadas- de ser aburrido, ni soso. Creo que necesito compartir una idea, una visión que a lo largo del tiempo me viene golpeando y la tengo que dejar salir de una vez. Situaciones e historias la han propiciado, pero estaba ya ahí. La vida, desde luego, es tan distinta para cada uno como cada ser que existe. Pero me da que se cumplen unos patrones. Gente que va y viene, trabajos que viene o van o los buscas y no están, momentos para olvidar, familia que recuperar... Nos empeñamos en comprender un contexto que nos rodea y que parece estar conjurando contra nosotros. Nos empeñamos en pretender que todo gire a nuestro ritmo. Y lo que creo que olvidamos, si bien la vida es tu vida, tú que lees, o mi vida, yo que escribo, es también una especie de entidad propia, que lleva su propio ritmo. Y te toca a ti amoldarte a él. Nos empeñamos en remediar los errores pasados, cuando nos basta con sólo intentar no cometerlos de nuevo. Vemos en los errores, en los problemas y en los fracasos el fin de los días, cuando son esas caídas las que nos permiten vivir cada día de nuevo, con un matiz cada día diferente. Obviedades, posiblemente, pero cuando las cosas son tan claras yo creo que se vuelven turbias. Hay varias verdades que a mí (1ª persona del subjetivo yo miro desde mi prisma) se me presentan como digo, globales: Siempre queremos lo que no tenemos, un jarrón roto siempre será un jarrón roto (france), y cualquier tiempo pasado fue mejor. Entre otras. Y son algunas verdaderas y otras verdaderas pero erróneas. Son teorías equivocadas porque son retroteorías. Y aquí llega mi verdad. Todo lo retro (aparte de los modernitos) es un error. Es un error porque el compás del tiempo y de la vida va hacia delante. Como las manillas del reloj. Y eso no se para. No podemos ser la punta de la peonza y llevar el peso. Deberíamos plantearnos la vida haci adelante, avanzando. Porque como dije a un amigo, cuando sales de la comarcal llena de baches no puedes pararte en la cuneta por el primer bache de la autovía. Porque nada es malo, todo es, simplemente, y lo malo o lo bueno está en cómo nos siente a nosotros. Avanzar significa para mí coger el compás del tiempo, y ver en cada cambio, por pequeño que sea, un paso decidido, y en cada fracaso, por estrepitoso que nos resulte, una clara y decidida victoria en nuestra vida.