Hace ya un tiempo, comentaba a mi exnovia y a mi compadre frecuentemente lo cansino que podía llegar a ser otro compadre con el tema de las plantas de maría. Por aquel entonces vivía yo en Sevilla, y ni el más cuco de los balconcetes me hacía pensar en eso. Sin embargo, mi compadre no tenía otro jodido tema de conversación. Además me hacía subir cada día a la azotea, donde plácidamente descansaban y se criaban sus plantas. Como digo eso me parecía demasiao, pero ay amigo, como cambian las cosas...
Unos años después disfruto de mi balcón en el ático donde vivo y lo lleno de vida. La explosión de verde que me inundó va más allá de la ingente cantidad de cogollismo que espero obtener. Hablamos de vida, como el día del nacimiento de mis niñas, algunas de las cuales se han ido quedando en el camino.
Esto es como plantar geranios, nadie se extraña del mimo de esa mari cuidando del color de su casa, incluso hablar de flores, saber de plantas, es algo casi como que muy guay hoy, muy ecológico como los tetrabriks de vino tinto hacendado. Por eso, ahora sí, empiezo a comprender a ese colega (que bueno, es más fumeta de la cuenta a mis ojos hoy también), a todos estos agricultores en la sombra, a nuestros amigos los fumetas.